En los albores de los años veinte, en el naciente Puerto Aysén, aún no fundado, pero consagrado a los elementales trabajos de acopio de mercaderías en muelles y galpones recién construidos, se respiraba una especie de aire primero, en que todos los involucrados en el nacimiento se encontraban disfrutando del instante. Tanto, que ni siquiera sabían por qué estaban ahí, importando tan solo aquella ocasión privilegiada de trabajar duro en medio de una severa crisis laboral. Nadie miraba al otro ni tampoco se ahondaba mucho en la detención para la vida social. Importaba tan sólo acatar órdenes superiores de echar a andar un proyecto de gran bodega de acopio, un pueblo que comenzaba a respirar por sí m
En aquella gloriosa década sobresalían todas las iniciativas del intendente Marchant, glorificándose con luces propias aquella que había impuesto primero con su vitrola, la cual acarreaba a una mesita que colocaba en el muelle cuando se recepcionaba un vapor oficial, escuchándose el himno nacional en un viejo disco de acetato de setenta y ocho revoluciones por minuto. Ese detalle es el que más se recuerda, no tanto por su originalidad como por el efecto multiplicador que produciría poco tiempo después, cuando en base a la misma modalidad Marchant decidió prolongar las recepciones a todos los barquitos que se acercaban a los molos de carga del puerto, en consideración a que dicho gesto constituía una señal de bienvenida en grado máximo, que despertaba en quienes llegaban por primera vez a las húmedas y oscuras espacios del puerto un sentimiento de gratitud y buena acogida, sintiendo una verdadera pertenencia al hogar que les recibía. Esos sones musicales eran tan demostrativos de una etapa de vida que comenzaba, que todos los que los recuerdan manifiestan vivas emociones al regresar a esos tiempos.
En esos lugares marinos de un puerto semi improvisado existían ya en aquella década los cuatro muelles que funcionaron perfectamente durante cuarenta años. Estos eran el muelle de la Ferronave que dependía directamente de los Ferrocarriles del Estado con funcionamiento en Puerto Montt; el muelle de la Compañía Ganadera de Cisnes, cuyo centro de operaciones funcionaba en la famosa Estancia Cisnes; el muelle de Quipreo, Alonso y Cía. y finalmente el muelle de la Compañía Ganadera o Sociedad Industrial del Aysén que se ubicaba frente a la segunda Comisaría de Carabineros.
Una de las visiones más espectaculares la constituía la llegada de los vapores cada cierto tiempo, atestados de gente, pasajeros, mercadería y ganado. Aquellos vetustos vaporcitos aparecían en el horizonte a velocidad mínima por su limitada velocidad de calderas movidas por efectos de la combustión de carbón y era en ese instante en que la banda de carabineros, apostada en un lugar estratégico del muelle de
En aquellos días navegaban por las aguas de aquellas rutas vapores, goletas y pequeños navíos que ya pertenecen a la galería de la historia, con sus nombres inolvidables, Colocolo, Coyhaique, Huandad, Inca, Alondra, Taitao, Chacao, Mercedes, Constitución Yates, Santa Elena, Trinidad, Tenglo, Río Aysén, Orlando, Elcira...
Tal vez no haya ni que decirlo, pero la convocatoria de tanta gente sobre los añosos maderos del muelle de la Ferronave provocaba una interacción social bastante intensa, lo que con el tiempo se hizo una verdadera costumbre y acaso un ritual de aquellos que convoca hoy, por ejemplo, la hora de la misa en las pequeñas aldeas. Lo más importante es que la mayoría de la gente que acudía en los barcos nunca había venido y nadie le conocía, por lo que no se trataba de recibirlos u homenajearlos con música. Simplemente era un rito de bienvenida que se transformó con el tiempo en un sello distintivo de los viajes a Puerto Aysén.
Aquella histórica banda de

desde que llegue a esta region en los años sesenta, escuché de estas bienvenidas, aunque no pude disfrutarlas porque ya no existian
hermoso recuerdo, que nos trasladan en el tiempo sin tiempo de aysen
DON OSCAR, EM ENCANTÓ SU BLOG, PONDRE EL ENLACE EN MI PAGINA FOTOLOG, YO SÉ QUE A VARIOS DE MIS AMIGOS LES GUSTARÁ......
SUERTE.....
ES MUY TALENTOSO USTED, TIENE QUE SACARLE PROVECHO A ESE "DON" QUE TIENE DE ESCRIBIR COSAS BELLAS...
ATTE:
BETSY LORCA MORENO
CONTADOR GENERAL
Oscar, aquí te sigo otra vez, una nueva sorpresa una pródiga mente y mejor pluma. Claro, a veces como en estos casos dan ganas de haber nacido un poco antes para haber vivido todo aquello...pero sí recuerdo que de niños viajabamos al norte (Pto. Montt) en el Trinidad y el Tenglo, mis recuerdos son de barcos acondicionados para pasajeros y carga, con camarotes a los cuales nos enviaban rapidamente cuando se aproximaba el agitado golfo Corcovado; durmiendo no sentíamos el mareo. Los comedores eran una mini réplica del Titánic ( mucho le pondría ?) había servicio de atención a las mesas y los platos de sopa tenían un borde pronunciado hacia el interior que llamaba la atención y con lo cual si el mar estaba agitado duraba más el líquido dentro, lo mismo las cucharas, las mesas tenían unas pestañas en el borde que serían seguramente para evitar que al deslizarse los platos fueran a dar al suelo desde su impecable y barnizada superficie. La travesía era de días en los cuales había que esperar la marea alta para asistir a lugares retirados y aislados por el trayecto de los canales y en donde a veces casi se podía estirar el brazo para tocar la vegetación... Esperar el barco en Puerto Piedra era otra historia, a veces lo hacíamos (creo) en el Hotel Laibe y eso era para los adultos todo un acontecimiento social.
Bueno, rico poder revivir aquello, después seguiría la llegada a Pto. Montt y el viaje a Stgo. en tren ( cuando entonces sí que era tren) y mamá insistiendo en que no abriésemos las ventanillas pues era inevitable que depués estuvieramos llorando con un carboncillo dentro del ojo...Buenos recuerdos amigo siga adelante que "para la pluma tampoco hay fronteras", un abrazo.
OSCAR,desde que encontre tú pagina en un comentario del mercurio, siempre la estoy leyendo porque Aysen me trae muy lindos recuerdo,porque yo vivi con mis padres durante 7 años en aysen, y mi padre es uno de los músicos que figuran en tú comentario (Juan Droguett) la primera vez mi padre fue solo, toda la familia viajo el año 1953.Tambien viajamos en el Tenglo desde el puerto de piedra.
Ahora vivo en santiago con recuerdos muy bellos de esa ciudad tan lejana
Adios atte Graciela.