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La Coctelera

MEMORIALISTA

Las cosas tenían que suceder de ese modo

23 Junio 2007

Una de las incursiones de Augusto Grosse por el Lago General Carrera

Quisimos hoy insistir en los impresionantes movimientos de exploración de Augusto Grosse, no sólo por el placer que causa conocerlos sino, además, porque seguramente a usted nadie se los ha contado y a medida que el tiempo vaya pasando, menos oportunidades tendrá de tenerlos consigo. Son verdaderos tesoros testimoniales.

Para Grosse había resultado extremadamente grato el viaje debido a la presencia de mucha gente que poblaba todos los sectores del lago trabajando sus tierras. Al llegar por ejemplo a lo que hoy conocimos como Mallín Grande, que significa Gran Pantano y que antes era conocido como Ushuaia. es en este lugar lleno de selvas que Grosse interroga, vivamente impresionado, a unos lugareños sobre algunos datos históricos que arrojen pistas sobre el pasado del paraje. Y varios le cuentan la historia de los pistoleros fugitivos que pasaron por aquí huyendo de la justicia. Aquí hay que detenerse ya que algunos cronistas han decidido por su propia cuenta atribuir la presencia de estos forajidos atribuyéndoles todas las características de la banda de Butch Cassidy, lo que constituye un lamentable error de interpretación. Resulta atractivo asimilar dichos hechos con la presencia de este famoso forajido que se escabulló eternamente de la justicia, pero los parajes chilenos están fuera del área donde se produjeron tales hechos históricos. Hay que considerar además que dado el carácter y la inteligencia de estos norteamericanos, jamás hubieran caído en la trampa que estos cayeron, por lo que se descartan absolutamente.

Y efectivamente este grupo de bandoleros provenientes de Argentina eran tres hombres y una mujer que huían luego de haber saqueado un banco, exactamente como había ocurrido con la banda de Cassidy. Como entonces no existían embarcaciones en el lago, habrían optado por descender por la ladera más escarpada que se conoce con el nombre de Las Llaves, quedando en cierto momento atrapados en el lugar sin poderse desplazar en ninguna dirección. Dice Grosse que no es posible verificar esta historia, pero es muy probable que esté muy cerca de la realidad. Nos consta, por testimonios grabados que es así, y la opinión de Grosse presenta cierta ligereza, ya que él no fue investigador.

A medida que van pasando los días, el avance les va mostrando la aparición del Valle del río Tranquilo que estaba limitado por altas cumbres nevadas y es a orillas de un riachuelo que organizan el primer campamento, teniendo siempre a mano la presencia útil de los colonos del lugar, Lagos, Martínez, Pérez. Por ejemplo, en casa de Lagos se vendía un buen queso, carne, leche y huevos que adquieren con verdadero gusto para enfrentar los nuevos rumbos que les esperan. Mientras regatean, ensimismados con el buen aroma de los alimentos, Lagos le sugiere al explorador que se haga acompañar por Martínez y sus caballos, ya que dispone de muchos y buenos. Pero cuando va a buscarlo, aún no había llegado de un trámite largo. Es entonces que nuestro aventurero se dirige a la casa de un colono chileno de ascendencia alemana que vive en los alrededores, para lo cual tendrá que cabalgar sus buenos ocho kilómetros. Se llama Kreisel y está poblado en el sector occidental de Bahía Murta. Cuando conoce el campamento y la casa de su paisano, se llena de emoción y afecto por él, que también se abraza a su compatriota en este lugar tan lejano a su patria. Conoce las instalaciones de un buen aserradero que en ese momento se encuentra funcionando, accionado por fuerza hidráulica. Se habla de Kreisel como de uno de los primeros ocupantes de este valle, y cuando Grosse le conoce debe tener unos cincuenta años de edad, gran capitán de barco, navegador impenitente con su nave naufragada que le había obligado a quedarse por esos lugares.

Es entonces que Grosse, con su ocasional anfitrión decide visitar la impresionante conformación rocosa llamada Capilla de Mármol, de roca calcárea sobre columnas, principalísimo monumento natural declarado de alto interés turístico. Aunque los germanos no tienen bote, desde la distancia quedan hondamente impresionados ante la esplendente visión.

Los caballos no aparecen, el tiempo se pierde. Grosse reflexiona en su diario: Nunca podré acostumbrarme a la paciencia patagona. El 13 de Enero de 1943 llegan a la casa de un tal negro Jara, quien ha fallecido. Les reciben su viuda y sus nueve hijos. Más adelante, en la laguna Tranquila, vive el colono Jara, que no está en casa cuando llegan los exploradores. Hay una mujer enferma, que agoniza sin que ellos puedan hacer nada. Les manda a decir que se vayan.

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COYHAIQUE, Chile
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Aquí en mi ciudad natal, las sombras no existen. Sólo el espacio diáfano con olor a frutillas silvestres y un poco de fumarolas a las siete y media de la mañana. Coyhaique me recibe día a día desde que llegué al mundo en el segundo piso de una casa que aún existe y la diviso a veces con pena en la esquina de Freire y 12 de Octubre. De aquí salieron un día mis naves a buscar puertos seguros. Y me enamoré de las palabras, sagradas, emotivas, directas, llenas de poesías levantando viento o viéndose morir gracias a la inmediatez de que se valen para existir. Esos soplidos son verdes, como nuestras selvas que se montan sobre las camionetas y se convierten en humo que asciende por miles de techos. Coyhaique es siempre visitado por gente absorta y con ojos nebulosos que casi nunca hablan español. A ellos se los llevan a los ríos y a las selvas, los hacen aprender flyfishing, les llevan a gastar su dinero a centros nocturnos donde se toma mucha cerveza. Mi padre falleció hace 11 meses. Mi madre viene llegando a una casa nueva que arrendamos. Mis hijos son 4 y están desperdigados, sueltos por Chile, llenos de bríos, esperanzas, hijos y parejas que les aman. He escrito desde niño. En la universidad me descubrieron detrás de un cuento donde había manzanas rosadas. Era el laberinto de la UCV, de fines de los sesenta, cuando escuchábamos a los Jaivas y al Pirincho en la radio, todas las noches. Luego llegarían tiempos serios, como brújulas, todo marcando perfecto, con coordenadas que se entrometían entre mis versos y mis cuentos. Ahora estoy en Coyhaique y administro un Ciber café en pleno paseo Horn, donde trato de hablar inglés con los turistas para explicarles lo que somos. Escribo diariamente. Y viajan mis palabras a través de varios laberintos estrechos y también anchos. Mis palabras me pertenecen. Mis memorias son éstas. Acabo de ganar un premio en el Consejo del libro con mis 181 crónicas de la primera hornada. Para escribir hay que estar solo y vivo. Así estoy. ESCRIBE TUS COMENTARIOS. NOS HARAN BIEN A AMBOS. O mandame un email: dimelotou@gmail.com

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