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La Coctelera

MEMORIALISTA

Las cosas tenían que suceder de ese modo

23 Junio 2007

Un encuentro con Danka Ivanoff en la ciudad del sol

Fuimos invitados en 1991 a un interesante encuentro cultural organizado en la ciudad de Chile Chico por la escritora y recopiladora Danka Ivanoff Welmann, quien gentilmente nos cursó la invitación. Pero no alcanzamos a llegar porque los caminos estaban intransitables, y aunque acudimos a la cita, llegamos con un día de atraso. Pero Danka nos permitió igualmente sentirnos participantes. Junto a Baldo Araya nos invitó a un improvisado programa radial realizado en la emisora local y por la tarde, luego de un opíparo almuerzo, nos estimuló a disfrutar de algunos momentos de remembranzas en el improvisado museo levantado para la ocasión, concurriendo por la tarde a conocer el Cementerio Viejo, donde tomamos fotografías a una de las tumbas más antiguas del lugar, la de don Santiago Ericksen, y a deleitarnos después con un video del Volcán Hudson producido por ella misma donde destacan sus poemas.

La experiencia nos dejó reflexionando, no tanto por lo que logramos traducir de la muestra y de los objetos, sino por el espíritu emprendedor y el carisma de Danka, quien prácticamente organizó todo sola siendo capaz de lograr inundarnos de emotivos momentos.

Nos sentimos emocionados al enfrentarnos por ejemplo a uno de los primeros taquímetros utilizados en las minas de Puerto Cristal, junto a una lámpara a carburo utilizada dentro de las faenas de la época de los 40, espuelas y rastras hechizas, la primera campana completamente averiada de la escuela de Chile Chico, de la cual hemos hablado profusamente en nuestras crónicas y un montón de antiguos discos en que los primeros pobladores se deleitaban, entre los que destacan Japonesita de Enrique Rodríguez y el Himno del Colo Colo producido en 1942, junto a La Raspa de Los Guajiros.

Fuimos capaces de admirar un antiguo cofre de la familia Burgos, fanales de barcos de la misma familia y los papeles de inscripción del antiguo vapor Chile construido en San Fernando, República Argentina.

Luego llegaron las planchas con brasas interiores y un maletín de medicina que tal vez correspondía a antiguos parteros o parteras del lugar. Las fotos que se exhibieron aquella noche connotaban la particular idiosincrasia de la tierra de Chile Chico y sus pioneros con delegaciones de gente que viajaba consecutivamente a Santiago y Buenos Aires a demandar sus derechos a la autoridades, durante los conflictos de 1918, entre los que destacaban Manuel Burgos, Santiago Jara, Timoteo Jara y Alberto Vogt, la familia de Esnardo Bermúdez y Róbinson Jara Mora, Lucio Foitzick, Rosario Sepúlveda.

Y en otras situaciones convivenciales entre rotarios y leones muy contemporáneas de la ciudad del Sol se mostraba una completísima fotografía que revela las intensas actividades sociales de la década de los 40, entre los que destacan Joel Hidalgo, Tello Rubilar, Rigoberto Cárdenas, Jacko Sabath, Arturo Auil, Luis Lucachewsky, Mario Pardo, Raúl Espíndola, Luis Martínez, Antonio Crespo, Rigoberto Carter, Orlando Díaz, Miguel Burgoa, Rigoberto Castillo, Jorge Arriagada, Alfredo Fernández y las jovencitas Isabel Crespo, Silvia Mackay, Nella Sepúlveda, Toto Concha, Nena Fica en plena década de los años treinta en un paseo juvenil. Hoy todas ellas son abuelas.

Apareció deslizada y lejana la foto del primer capitán del vapor Andes, junto a Nasiff Hassen, la inauguración del hospital, los integrantes de acción católica, el avión Lan llegando a Chile Chico y también el avión Gruman de Federico Fuhrer, la casa de Antolín Crespo y un rescate en el río Jeinimeni y algunos barcos de la época, el Manolo, el Chile, el María Isabel con la presencia de los clubes deportivos Juventud y 21 de Mayo junto a equipos de básquetbol inolvidables que se lucían en partidos efectuados en la misma plaza de armas.

Fue un verdadero viaje al pasado y un alimento necesario para aquel fin de semana en que llegamos tarde a la cita, pero sin duda, no estuvimos lejos del corazón del encuentro al tener a Danka con nosotros mostrándonos todo lo que había.

Impresionante fue leer el documento original que corresponde a la compra e inscripción del vapor Chile, comprado en Buenos Aires por su padre, entre cuyos principales acápites leíamos: “En la ciudad de Buenos Aires, Argentina, por disposición de la Prefectura General de Puertos, se incorpora a la matrícula nacional una chata, casco de hierro, recientemente construida en San Fernando en el taller de don Carlos Gamién, que tiene las siguientes dimensiones (se leen), con un registro neto de 9 toneladas según consta del Certificado de Arqueo N° 1017, certificando que dicha chata de nafta ingresa a la matrícula nacional con el nombre de España y bajo el N° 19284, siendo de la propiedad exclusiva de don Casiano Barreiro por haberla hecho construir a su costo y con su dinero, con los documentos que ha presentado y obran en el expediente arriba citado. Firma Santiago Pozo, escribano nacional de Marina”.

Luego se realizaría la transferencia a la Cooperativa de Transportes Deseado, donde lo compra el padre de Danka en 1930 y lo incorpora a la actividad productiva en 1940 con el famoso nombre de vapor Chile.

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COYHAIQUE, Chile
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Aquí en mi ciudad natal, las sombras no existen. Sólo el espacio diáfano con olor a frutillas silvestres y un poco de fumarolas a las siete y media de la mañana. Coyhaique me recibe día a día desde que llegué al mundo en el segundo piso de una casa que aún existe y la diviso a veces con pena en la esquina de Freire y 12 de Octubre. De aquí salieron un día mis naves a buscar puertos seguros. Y me enamoré de las palabras, sagradas, emotivas, directas, llenas de poesías levantando viento o viéndose morir gracias a la inmediatez de que se valen para existir. Esos soplidos son verdes, como nuestras selvas que se montan sobre las camionetas y se convierten en humo que asciende por miles de techos. Coyhaique es siempre visitado por gente absorta y con ojos nebulosos que casi nunca hablan español. A ellos se los llevan a los ríos y a las selvas, los hacen aprender flyfishing, les llevan a gastar su dinero a centros nocturnos donde se toma mucha cerveza. Mi padre falleció hace 11 meses. Mi madre viene llegando a una casa nueva que arrendamos. Mis hijos son 4 y están desperdigados, sueltos por Chile, llenos de bríos, esperanzas, hijos y parejas que les aman. He escrito desde niño. En la universidad me descubrieron detrás de un cuento donde había manzanas rosadas. Era el laberinto de la UCV, de fines de los sesenta, cuando escuchábamos a los Jaivas y al Pirincho en la radio, todas las noches. Luego llegarían tiempos serios, como brújulas, todo marcando perfecto, con coordenadas que se entrometían entre mis versos y mis cuentos. Ahora estoy en Coyhaique y administro un Ciber café en pleno paseo Horn, donde trato de hablar inglés con los turistas para explicarles lo que somos. Escribo diariamente. Y viajan mis palabras a través de varios laberintos estrechos y también anchos. Mis palabras me pertenecen. Mis memorias son éstas. Acabo de ganar un premio en el Consejo del libro con mis 181 crónicas de la primera hornada. Para escribir hay que estar solo y vivo. Así estoy. ESCRIBE TUS COMENTARIOS. NOS HARAN BIEN A AMBOS. O mandame un email: dimelotou@gmail.com

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