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La Coctelera

MEMORIALISTA

Las cosas tenían que suceder de ese modo

26 Abril 2006

AMOR DESDE LA MUERTE (De "Cartas del Buen Amor")

Oscar era el novio de María Laura, quien por motivos de trabajo debe alejarse de ella. Durante meses, la única comunicación posible con él es a través de cartas que Laura María escribe y coloca sistemáticamente al buzón del correo. Pasan los meses y los años, y al no obtener respuestas el amor se debilita y el olvido pasa a ocupar el lugar de la pasión. Lo que no sabe María Laura es que esas cartas nunca llegaron a destino, pues Oscar ha fallecido en un accidente carretero sin que nadie se lo informe jamás. El mejor amigo de Oscar recibe un día las cartas de manos de la dueña de la pensión donde se alojaba Oscar. Atribulado por la pena, decide escribir la última carta de amor, tomando el lugar de su mejor amigo y planteando la narración desde el punto de vista del remitente muerto.

María Laura:
No te imaginas cuánto he sentido (aunque demasiado tarde) que me hayas escrito durante tantos años esas cartas que nunca llegaron a destino y que además nunca supe que existían.
Que te sirva de consuelo entender (aunque supongo que ni siquiera lo intuiste), que durante el viaje a Maracaibo, el bus en que viajaba sufrió un accidente y murieron muchos pasajeros, entre los cuales estaba yo.
No quisiera importunarte con estas líneas escritas cuando yo ya no existo, pero me hubiera gustado mucho decirte en vida todo el secreto que me impulsó a amarte con todas las fuerzas de mi corazón.
Esas cartas que me mandabas nunca nadie me las entregó jamás. Pero hoy las tengo todas. Esteban, mi amigo de la infancia pudo por fin rescatarlas desde la casa antigua de los Valdés en la esquina donde está la panadería. La dueña de la pensión las había estado recibiendo y guardando a medida que llegaban, sin poder enviármelas ya que no conocía mi paradero.
Ya ves como es la vida, tan misteriosa e inasible como la muerte. Nunca hubiera yo podido escribir estos pensamientos cuando estaba vivo. Y ahora que no existo, lo hago, amparado por la fuerza indestructible de este amor que siento, incluso cuando ya no existe nada de mí.
En estos duros años de silencio en que mi alma pugnaba por alcanzarte, mil pensamientos tristes surcaron mis aguas, hundiendo todas sus frágiles naves y haciendo que mi espíritu se retire derrotado para siempre. ¡No te imaginas, María Laura, cuántos intentos por volver a saber de ti, cuántos años haciendo lo imposible por acercarme a tu lado a través de intentos vanos que infortunadamente fueron tan sólo inútiles esfuerzos. Finalmente, el tiempo borró para siempre todo vestigio de nuestra relación y recién ahora puedo leer esas misivas que me enviaste, sabiendo que acaso el amor que tú me profesabas ya se ha desvanecido, pero sigue conservando en silencio esa imagen tuya que me arrebataba.
Que te consuele saber que me di cuenta de tu tono esperanzador en cada línea que escribías. Por supuesto nunca podías imaginar que yo había muerto. Y nadie fue capaz de decirte nada en todo este tiempo.
Pero, recapitulemos. Hoy lees la carta de un difunto. Un hombre que te amó y te sigue amando más allá de la vida, alguien al que quizás nunca podrás tocar ni besar ni sentir físicamente, pero cuya presencia perdura en una dimensión misteriosa. Alguien que acaso se haya enamorado de ti muy prematuramente, sin saber lo que le esperaba.
Ese es el hombre que te escribe y te ama, el hombre que daría todo por verte de nuevo y que llora por todo lo perdido, alguien que es como un jirón de tiempo que regresa para adorarte con la misma intensidad del pasado, con la misma forma feliz de todos esos días que estuvimos juntos.
Espero me sepas comprender. Ahora que al menos sabes donde estoy, trato de imaginarme cómo recibirás la noticia y qué harás cuando sepas la verdad. Lo único que siento es no poder estar ahí para sentirte y consolarte, así como también a mí me costó sobremanera reponerme de la primera sensación de infinito, cuando supe que nunca más regresarían nuestros besos, nuestras caricias…nuestros momentos de felicidad.
Sólo me queda el consuelo de haberte sabido mía y de que me hubieras amado con la misma intensidad que yo lo hice. En todos los tiempos y en todos los lugares.
Siempre tuyo desde la eternidad

Oscar

servido por OSCAR HAMLET 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

ababa

ababa dijo

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27 Abril 2006 | 01:18 AM

mónica guerrero

mónica guerrero dijo

Una historia reconocible.
Millares de soledades compartiendo el mismo espíritu, me animan.
Gracias por tu arte.
Que Dios te bendiga
CUNSHI

6 Mayo 2006 | 06:07 AM

tqm

tqm dijo

Amor desde la muerte, creo q si pudieramos al igual q Oscar escribiriamos lo mismo desde Algùn lugar !!!

Amar, Amar, Amar,Amar de frente,

Amar desde la vida, hasta la muerte !!!

Amar, Amar las cosas y su gente,

Amar de cara al sol sin esconderse !!!

Horacio Guarani (letra y musica) Amar, Amando

1 Abril 2007 | 02:59 AM

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COYHAIQUE, Chile
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Aquí en mi ciudad natal, las sombras no existen. Sólo el espacio diáfano con olor a frutillas silvestres y un poco de fumarolas a las siete y media de la mañana. Coyhaique me recibe día a día desde que llegué al mundo en el segundo piso de una casa que aún existe y la diviso a veces con pena en la esquina de Freire y 12 de Octubre. De aquí salieron un día mis naves a buscar puertos seguros. Y me enamoré de las palabras, sagradas, emotivas, directas, llenas de poesías levantando viento o viéndose morir gracias a la inmediatez de que se valen para existir. Esos soplidos son verdes, como nuestras selvas que se montan sobre las camionetas y se convierten en humo que asciende por miles de techos. Coyhaique es siempre visitado por gente absorta y con ojos nebulosos que casi nunca hablan español. A ellos se los llevan a los ríos y a las selvas, los hacen aprender flyfishing, les llevan a gastar su dinero a centros nocturnos donde se toma mucha cerveza. Mi padre falleció hace 11 meses. Mi madre viene llegando a una casa nueva que arrendamos. Mis hijos son 4 y están desperdigados, sueltos por Chile, llenos de bríos, esperanzas, hijos y parejas que les aman. He escrito desde niño. En la universidad me descubrieron detrás de un cuento donde había manzanas rosadas. Era el laberinto de la UCV, de fines de los sesenta, cuando escuchábamos a los Jaivas y al Pirincho en la radio, todas las noches. Luego llegarían tiempos serios, como brújulas, todo marcando perfecto, con coordenadas que se entrometían entre mis versos y mis cuentos. Ahora estoy en Coyhaique y administro un Ciber café en pleno paseo Horn, donde trato de hablar inglés con los turistas para explicarles lo que somos. Escribo diariamente. Y viajan mis palabras a través de varios laberintos estrechos y también anchos. Mis palabras me pertenecen. Mis memorias son éstas. Acabo de ganar un premio en el Consejo del libro con mis 181 crónicas de la primera hornada. Para escribir hay que estar solo y vivo. Así estoy. ESCRIBE TUS COMENTARIOS. NOS HARAN BIEN A AMBOS. O mandame un email: dimelotou@gmail.com

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