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La Coctelera

MEMORIALISTA

Las cosas tenían que suceder de ese modo

5 Marzo 2006

LOS BARCOS EN 1933

Los llamaron vapores, y en ellos viajó mucha gente esperanzada, que trajo sus costumbres desde otra tierra. Hombres solos, trabajadores, buscatierras, elementales y camperos. Simples como un suspiro.
En ese muelle de Puerto Aysén, la banda de los carabineros lo recibía con los foxtrots de última moda, los shimmy de aquel entonces, o los valses antiguos que invadían el extraño aire húmedo de montes vírgenes.
Algunos nos han dicho: "Si yo pensaba que la banda estaba tocando pa´mi recepción".
No llegaron mujeres jóvenes hasta mucho después, cuando don Juan Dougnac trajo un docena de ellas para la primera casa de tolerancia que se instaló en las fangosas calles del puerto.
La foto muestra la llegada y el atraque del vapor Tenglo, en 1935.

servido por OSCAR HAMLET 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

operadoor

operadoor dijo

De paso por tu blog, me gustó el texto y leí completo el "Sobre mí", que está de lo más interesante.

Saludo

5 Marzo 2006 | 07:12 PM

CARLA

CARLA dijo

Escuché cierta vez a mi abuela contarme sobre eso. Me parece fascinante!!! No conozco mucho tu tierra, pero aq

20 Marzo 2006 | 07:49 PM

carla

carla dijo

Te decía que en Cuba pasaba esto a menudo a principios del siglo XX. Felicidades!!

20 Marzo 2006 | 07:51 PM

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MEMORIALISTA

COYHAIQUE, Chile
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Aquí en mi ciudad natal, las sombras no existen. Sólo el espacio diáfano con olor a frutillas silvestres y un poco de fumarolas a las siete y media de la mañana. Coyhaique me recibe día a día desde que llegué al mundo en el segundo piso de una casa que aún existe y la diviso a veces con pena en la esquina de Freire y 12 de Octubre. De aquí salieron un día mis naves a buscar puertos seguros. Y me enamoré de las palabras, sagradas, emotivas, directas, llenas de poesías levantando viento o viéndose morir gracias a la inmediatez de que se valen para existir. Esos soplidos son verdes, como nuestras selvas que se montan sobre las camionetas y se convierten en humo que asciende por miles de techos. Coyhaique es siempre visitado por gente absorta y con ojos nebulosos que casi nunca hablan español. A ellos se los llevan a los ríos y a las selvas, los hacen aprender flyfishing, les llevan a gastar su dinero a centros nocturnos donde se toma mucha cerveza. Mi padre falleció hace 11 meses. Mi madre viene llegando a una casa nueva que arrendamos. Mis hijos son 4 y están desperdigados, sueltos por Chile, llenos de bríos, esperanzas, hijos y parejas que les aman. He escrito desde niño. En la universidad me descubrieron detrás de un cuento donde había manzanas rosadas. Era el laberinto de la UCV, de fines de los sesenta, cuando escuchábamos a los Jaivas y al Pirincho en la radio, todas las noches. Luego llegarían tiempos serios, como brújulas, todo marcando perfecto, con coordenadas que se entrometían entre mis versos y mis cuentos. Ahora estoy en Coyhaique y administro un Ciber café en pleno paseo Horn, donde trato de hablar inglés con los turistas para explicarles lo que somos. Escribo diariamente. Y viajan mis palabras a través de varios laberintos estrechos y también anchos. Mis palabras me pertenecen. Mis memorias son éstas. Acabo de ganar un premio en el Consejo del libro con mis 181 crónicas de la primera hornada. Para escribir hay que estar solo y vivo. Así estoy. ESCRIBE TUS COMENTARIOS. NOS HARAN BIEN A AMBOS. O mandame un email: dimelotou@gmail.com

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